La relación entre el gobierno federal y la prensa es cada vez más antagónica. La administración Trump está tratando de convertir la voz no partidista de América, que ha brindado noticias a millones de personas en países represivos en el extranjero durante más de 80 años, en una máquina de propaganda de derecha; la Casa Blanca ha prohibido a voces confiables como The Associated Press cubrir sus actividades, una decisión recientemente declarada ilegal; y los líderes políticos están intentando destripar la financiación pública de NPR y PBS.